Por Pablo Amado

En una ciudad con fuerte tradición gastronómica y cultural como La Plata, las vinotecas atraviesan un momento de contrastes: sostienen su rol como espacios de encuentro, asesoramiento y experiencia, pero enfrentan un escenario económico cada vez más exigente.

Un negocio que resiste, pero vende menos

El contexto general del comercio local marca el pulso. Durante 2025, siete de cada diez comercios platenses registraron ventas estancadas o en caída, reflejo directo de la pérdida del poder adquisitivo y la retracción del consumo. Las vinotecas no son la excepción: el vino, al no ser un bien de primera necesidad, suele ser uno de los primeros gastos que se recortan en tiempos de crisis o en todo caso, se consumen vinos más económicos.

A nivel nacional, la industria vitivinícola también atraviesa su momento más delicado en años. La caída del consumo, la inflación y los cambios en los hábitos impactaron de lleno en toda la cadena, desde bodegas hasta puntos de venta. En 2025, las ventas de vino tocaron uno de sus pisos históricos, tanto en el mercado interno como en el externo.

Menos consumo, más estrategia

Frente a este escenario, las vinotecas de La Plata están obligadas a reinventarse. Ya no alcanza con vender botellas: el foco está puesto en generar valor agregado.

  • Experiencias: degustaciones, catas guiadas y eventos temáticos se vuelven clave para atraer público.
  • Curaduría: el rol del vendedor muta hacia el de asesor, recomendando etiquetas según gustos y presupuesto.
  • Segmentación: crecen tanto los vinos de entrada de gama como los productos “especiales” para ocasiones puntuales.

El consumidor también cambió. Hoy compra menos volumen, pero busca mejor relación precio-calidad o experiencias más personalizadas.

Competencia y nuevos hábitos

Otro desafío es la competencia con supermercados, tiendas online y ventas directas de bodegas. El crecimiento del comercio digital ya representa más de una cuarta parte de las operaciones en la ciudad, obligando a las vinotecas a adaptarse con redes sociales, delivery y promociones bancarias.

Además, nuevas bebidas ganan terreno —como el vermut o el gin— especialmente entre consumidores jóvenes, lo que obliga al sector a diversificar su oferta.

Costos en alza, márgenes en tensión

El problema no es solo vender menos. Las vinotecas enfrentan:

  • aumento de alquileres y servicios
  • presión impositiva elevada
  • costos logísticos crecientes

Todo esto en un contexto donde los precios del vino muchas veces no pueden trasladar completamente esos aumentos, achicando la rentabilidad.

Una identidad que se sostiene

A pesar del contexto adverso, las vinotecas siguen teniendo un valor diferencial difícil de reemplazar: la experiencia. En una ciudad universitaria y cultural como La Plata, estos espacios funcionan como puntos de encuentro donde el vino se explica, se comparte y se disfruta.

Incluso, el resurgimiento del histórico “vino de la costa” en la región refuerza esa identidad local y genera nuevas oportunidades para circuitos cortos de comercialización.

Perspectivas: entre la cautela y la oportunidad

El panorama es desafiante, pero no definitivo. Si bien el consumo masivo cae, aparecen nichos más específicos: vinos boutique, etiquetas orgánicas, productos locales y experiencias enológicas.

Las vinotecas que logren adaptarse a este nuevo consumidor —más selectivo, menos impulsivo y más digital— tendrán mayores chances de sostenerse.

En definitiva, en La Plata el vino no desaparece: cambia la forma de venderse y de disfrutarse. Y ahí, las vinotecas siguen jugando su partido.

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