Por Juan Carlos Mezzelani

Diez años sin Prince.
Y todavía no terminamos de entender qué fue. Porque decir “músico” es quedarse corto. Prince era incómodo. De esos que entran y desordenan todo.

Pop, funk, rock, mística, sexo… todo mezclado sin pedir permiso. Podía hacerte bailar sin bajo —sin piso— y aun así sostenerte en el aire.

Mientras otros seguían fórmulas, él inventaba reglas nuevas. Publicaba, tocaba, seguía. Sin esperar aprobación.

Después vinieron los prejuicios. Su imagen, su ambigüedad, su forma de moverse en ese territorio donde nadie se siente del todo seguro.

Pero ahí estaba la clave: Prince nunca quiso ser entendido del todo. Era contradicción pura. Carne y espíritu. Guitarra y silencio. Un tipo capaz de incomodar… y seguir igual.

Hoy lo citan todos: Bruno Mars, The Weeknd, Tyler, The Creator, y por acá Charly, Gustavo, Fito y el Flaco, siempre hablaron maravillas de él. Pero hay algo que no se copia: ese riesgo constante de ir al borde sin mirar atrás.

Diez años después, sigue sonando como un mensaje adelantado. Y tal vez ahí está su mejor truco: no haber cerrado nunca del todo. Quedarse en ese lugar donde la música todavía quema. Prince fue galáctico, definitivamente un adelantado a su tiempo.

Para disfrutarlo un rato más:

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Cita de la semana

“Me quedan pocos sueños por cumplir. No tengo miedo de decirlo: mi sueño es salir campeón con este club y vamos por buen camino”.

Ignacio Fernández, líder indiscutido de este Gimnasia

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