Un 16 de septiembre de 1925 nacía en Mississippi Riley Ben King. El mundo terminaría conociéndolo simplemente como B.B. King.
Hay guitarristas que necesitan una catarata de notas para demostrar quiénes son. A B.B. le alcanzaban unas pocas. Un vibrato, un silencio en el momento justo y Lucille ( su emblemática guitarra) empezaba a hablar. Ya sabías quién estaba ahí.
Llevó el blues desde los campos de algodón hasta los grandes escenarios del mundo y dejó escuela: Eric Clapton, Carlos Santana y generaciones enteras aprendieron escuchándolo.
Pero quizás su mayor virtud haya sido otra: nunca trató al blues como una pieza de museo. Lo mantuvo vivo.
B.B. King ya no está. Lucille tampoco suena entre sus manos.
Pero poné un disco suyo mañana.
Vas a comprobar que todavía tiene muchísimo para decir.
“Todo adjetivo es insuficiente. Toda alabanza resulta estrecha. Decir que B.B. King es maravilloso apenas hace justicia a su conmovedora grandeza, a su descomunal sencillez”
Miguel Grinberg – Escritor y Periodista Argentino




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