Hay canciones que parecen alegres hasta que uno escucha de verdad.
“Bizarre Love Triangle” tiene eso. Bernard Sumner canta con una mezcla rara de tristeza y esperanza, la batería avanza casi marcial, Peter Hook mete un bajo que podría sostener la canción solo y, arriba, los sintetizadores hacen que todo parezca luminoso.
Pero abajo hay otra cosa.
Confusión. Deseo. Culpa. Gente que se quiere y se lastima al mismo tiempo.
New Order hizo eso mejor que casi nadie: esconder la oscuridad detrás de una pista de baile.
Exactamente hoy a cuarenta años de su publicación, sigue sonando moderna, incómoda y hermosa.
Tal vez porque entendieron algo bastante humano:
a veces uno no baila porque está feliz.
Baila para que duela un poco menos.
Buen martes para todos !!




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