Por Pablo Amado

En un contexto donde el consumo responsable gana terreno y los hábitos cambian a velocidad de vendimia tecnológica, los vinos sin alcohol y desalcoholizados dejaron de ser una rareza para convertirse en una tendencia global. Lo que antes era visto como un “vino incompleto”, hoy se posiciona como una alternativa válida, sofisticada y en crecimiento dentro del mundo vitivinícola.

¿De qué hablamos cuando hablamos de vino sin alcohol?

Aunque suelen usarse como sinónimos, existe una diferencia técnica. Los vinos desalcoholizados son aquellos que, tras su elaboración tradicional, pasan por un proceso para extraer el alcohol. En cambio, los vinos sin alcohol pueden elaborarse directamente con métodos que evitan la generación de alcohol desde el inicio. El resultado en ambos casos es una bebida con menos de 0,5% de alcohol, manteniendo aromas, sabores y estructura similares al vino convencional.

La sigla NO&LOW (o directamente NOLOW o NOLO) se refiere específicamente a los vinos, que tienen un mayor abanico de opciones. El Código Alimentario Argentino considera vino sin alcohol o desalcoholizado (el “no” alcohol) al que tiene una graduación inferior a 0,5%.

En el vino bajo alcohol (el “low” por bajo, en inglés) hay diferencias de graduaciones. Otros nombres que se están empezando a ver son también vino liviano, ligero, bajo alcohol o low (para los de baja graduación) y NA o 0% para los sin alcohol.

Tecnología al servicio del sabor

El gran desafío de esta categoría fue siempre uno: conservar la esencia del vino sin su componente alcohólico. Para lograrlo, la industria utiliza técnicas como la destilación al vacío o la ósmosis inversa, que permiten retirar el alcohol sin alterar significativamente el perfil sensorial.

Empresas líderes como Torres en España o Freixenet apostaron fuerte por esta innovación, logrando etiquetas que sorprenden incluso a paladares exigentes.

Un mercado en expansión

Según informes recientes, el segmento de bebidas sin alcohol crece a tasas superiores al 7% anual a nivel mundial. Este fenómeno está impulsado principalmente por consumidores jóvenes —millennials y generación Z— que priorizan el bienestar, la salud y la moderación.

También influyen factores culturales: campañas como el “Dry January” o el auge del “sober curious” invitan a repensar el vínculo con el alcohol sin renunciar al ritual social de la copa.

Argentina se suma al movimiento

En un país con fuerte tradición vitivinícola, el desarrollo de vinos desalcoholizados aún es incipiente, pero ya muestra señales de crecimiento. Algunas bodegas comienzan a explorar este nicho, entendiendo que no se trata de reemplazar al vino tradicional, sino de ampliar el mercado.

Para la industria local, el desafío será doble: mantener la calidad que caracteriza al vino argentino y, al mismo tiempo, educar a un consumidor que todavía asocia el vino con su contenido alcohólico.

Algunos ejemplos entre los Low: el Santa Julia Tardío (un blanco dulce natural con 8% de alcohol), la línea Finca Gabriel Línea Joven de Jorge Rubio (con cinco variedades, incluido un Malbec de 11,5%), el Amalaya Liviano Torrontés (9%), la línea LO CA de Domaine Bousquet (un Malbec, un Chardonnay y un espumante, todos 8%), el espumante Cruzat Cosecha Temprana (9,5%), el blend Pátinas Blancas de Ribera del Cuarzo (11%), el Malbec Wine Not? de Andeluna (9,5%), el Alma Mora Bajo Alcohol de Finca Las Moras (8%).

Entre los No Alcohol, la línea 0% de San Huberto (con un tinto, un blanco y un rosado), y los espumantes 0% Brut de Nieto Senetiner, y el Tilimuqui Zero de Cooperativa La Riojana. Y hay líneas, como la EdeM creada por Laura Catena, que tienen de ambos: Low y No.

¿Moda pasajera o cambio de paradigma?

Lejos de ser una tendencia efímera, los vinos sin alcohol parecen responder a un cambio estructural en la forma de consumir. No se trata de abandonar el placer, sino de reinterpretarlo.

Porque, al final, la experiencia del vino no está solo en el alcohol, sino en la historia que cuenta cada copa. Y hoy, esa historia también puede escribirse sin graduación alcohólica.

Una respuesta a “Vinos sin alcohol y desalcoholizados: una nueva copa”

  1. marcelo chiodini Avatar
    marcelo chiodini

    muy buena nota, habrá que estudiar sobre el tema y como dice la nota creo que el desafío más difícil será mantener las cualidades del vino

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