Por Pablo Amado
La bodega presenta una edición limitada de 2.100 botellas que une dos terroirs de Mendoza, Gualtallary y Alto Agrelo.
Se trata de un vino concebido como una declaración de principios: la convicción de que el carácter de un vino empieza bajo tierra, en la textura, el color y la composición del suelo donde crecen las raíces.
Dos suelos, un mismo vino
Suelos Chardonnay es un ensamble de dos viñedos de Mendoza con personalidades complementarias. El 30% proviene de Los Árboles, en Gualtallary (Valle de Uco), a 1.300 metros sobre el nivel del mar, donde los suelos son franco arenosos y de poca profundidad. El 70% restante llega de Alto Agrelo, en Luján de Cuyo, a 1.000 metros, sobre suelos franco arcillosos con piedra.
Los viñedos, plantados en 2001 y conducidos en espaldero alto, tienen hoy 25 años. Su perfil de suelo combina capas de textura franco arenosa, granza, carbonato de calcio y canto rodado con piedras de hasta 30 centímetros: una arquitectura subterránea que se traduce en mineralidad, concentración y elegancia.
En la copa
De color amarillo brillante con destellos dorados, Suelos Chardonnay despliega en nariz flores blancas, cítricos y membrillo, con un toque de quinotos en almíbar y notas mantecosas aportadas por la madera. En boca tiene una entrada elegante, untuosa y fresca, sostenida por una buena acidez y un final persistente.
Es un compañero natural para risotto, pescados, mariscos, sushi, paella y platos con hongos.
Precio sugerido de venta: $17.500




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