Por Juan Carlos Mezzelani
1° de mayo
Hay gente que no se levanta:
se arranca del sueño.
Sale con lo puesto,
con deudas, con miedo,
con esa esperanza medio rota
pero insistente.
Nos dijeron paciencia,
como si fuera virtud
y no una forma prolija de aguantar.
Mientras tanto,
los de arriba suben
con nuestras espaldas de escalera.
Y nosotros —los de siempre—
tapamos el ruido del futuro
con el volumen del presente.
Porque hay cuentas,
hay mesas vacías,
hay días que no alcanzan.
Pero igual vamos.
No por épica.
Por dignidad.
Porque aunque nos quieran tranquilos,
aunque nos repartan migas,
hay algo que no negocia:
el derecho a llegar.
Y en ese intento,
torpe, cansado, insistente,
late una verdad sin discurso:
trabajar también es resistir.
A ustedes, que todos los días vuelven a empezar,
Feliz Día del Trabajador.


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