Si alguien imaginaba un partido como el que protagonizaron Inglaterra y Francia, probablemente habría que estudiarlo como un caso especial. Que dos potencias se enfrenten por el tercer puesto de un Mundial puede ser algo lógico, pero que marquen 10 goles en poco más de 90 minutos es una situación completamente inesperada.

El 6 a 4 a favor de Inglaterra deja en claro lo atípico de un partido, el poco apego a la marca que desplegaron ambos equipos y el golpe que les significó quedarse afuera de la final.

Así, los ingleses se quedan con una medalla de bronce con sabor a muy poco, mientras que Francia consuma un fracaso total ya que llegó al Mundial para ser campeón y se queda apenas con su figura, Mbappé, peleando por ser el goleador del torneo y el máximo anotador de la historia de estos torneos, marcas que Messi podría pulverizar en la final de este domingo.

El primer tiempo fue de dominio absoluto de Inglaterra, que aprovechó a la perfección los enormes problemas de Francia para retroceder. El equipo de Didier Deschamps parecía desconectado, como si la eliminación en semifinales le hubiera quitado energía a su Mundial, y los espacios que dejó fueron demasiado para jugadores como Marcus Rashford y Bukayo Saka.

Apenas habían pasado tres minutos cuando Declan Rice, capitán de Inglaterra, recibió con mucha libertad y definió con enorme categoría para abrir el marcador. El dominio inglés continuó y, antes del descanso, Ezri Konsa marcó de cabeza, Rashford protagonizó una gran jugada individual y Saka convirtió un doblete para dejar el partido 4-0 al entretiempo.

Francia salió al segundo tiempo con otra actitud y Deschamps realizó cuatro cambios. Los ingresos de Ousmane Dembélé, Bradley Barcola, Lucas Digne y Dayot Upamecano cambiaron la cara del equipo, mientras que Kylian Mbappé y Michael Olise también mostraron una versión completamente distinta.

A los tres minutos del complemento, Mbappé descontó con una definición de zurda. Poco después, Barcola marcó el segundo y el propio Mbappé volvió a aparecer para poner el 4-3 y alcanzar los 10 goles en el Mundial, quedando como máximo goleador del torneo hasta la final que disputará Argentina ante España.

El partido todavía tenía mucho más para ofrecer. Malo Gusto cometió una infracción dentro del área y Saka convirtió el penal para completar su hat-trick, llevarse la pelota y estirar la ventaja. Sin embargo, Dembélé volvió a descontar en el tiempo de descuento para darle aún más dramatismo al cierre.

Cuando Francia buscaba el empate, apareció Jude Bellingham, que había ingresado pocos minutos antes, para protagonizar una verdadera obra de arte. El mediocampista salió con la pelota dominada desde su propio campo, dejó atrás a Ibrahima Konaté y selló el 6-4 definitivo con una brillante jugada individual.

Así, Inglaterra se quedó con el tercer puesto del Mundial en un partido que quedará en la historia por su increíble cantidad de goles y por una remontada francesa que, aunque no alcanzó para subir al podio, convirtió al encuentro en un espectáculo inolvidable.

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