Un día como hoy, pero de 1898, nacía en Brooklyn George Gershwin.

Un tipo que consiguió algo bastante difícil: que el jazz entrara a la sala de conciertos sin pedir permiso.
Hijo de inmigrantes, pianista extraordinario y compositor brillante, mezcló blues, jazz y música clásica cuando todavía había quienes pensaban que esas músicas debían vivir en barrios separados.

De esa mezcla salió “Rhapsody in Blue“, una obra que empezó casi por un olvido y terminó convirtiéndose en el sonido de Nueva York.
Décadas después, Woody Allen necesitó apenas ese clarinete inicial para explicarnos “Manhattan“.

Gershwin murió con apenas 38 años.
Le alcanzó.
Ravel, dicen, se lo había advertido: ¿para qué ser un Ravel de segunda si podía ser un Gershwin de primera?
Y vaya si lo fue.

Para homenajearlo elijo, de un compilado que tengo y me encanta, uno de sus grandes temas, a cargo del armoniquista Larry Adler y el nacido en Venado Tuerto, Chris de Burgh.

Gran tema.
Y una versión de ensueño
Una gran manera de arrancar el sábado
.

Gershwin generó una música para todos los tiempos y a la vez fue capaz de encapsular en ella, de alguna forma, la experiencia americana.

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