David Lebón cumplió 74 años. Un músico de los nuestros. Entrañable, gigante, vigente.
El Ruso nació en Buenos Aires, hijo de padre vasco-francés y de una madre rusa cosaca cuya vida daría para otra columna. Después vino lo suyo: Pappo, Spinetta, Charly, La Pesada, Pescado Rabioso, Serú Girán… Tocó con todos. O casi: por poco no tocó con Colón.
Pero lo maravilloso de Lebón no está solamente en dónde estuvo, sino en cómo sigue estando. Se reinventó en la madurez, continúa tocando, cantando y conservando esa sensibilidad de los tipos que nunca necesitaron hacerse los rockeros porque sencillamente lo son.
Quienes alguna vez lo vimos sobre un escenario (en mi caso un montón de veces) sabemos que ocurre algo difícil de explicar.
Será la guitarra. Será la voz.
Será David.
O será simplemente eso que algunos tienen y no se aprende.
Larga vida al Ruso.
Y larga vida al rock.
“No hay nada más lindo que sentir amor, y estar sensible y sentirte bien. Yo no pedí nada de eso, me vino de regalo. La gente siente lo que yo hago. A mí es lo que me gusta. ” David Lebón




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