Un maestro no guarda nada, porque sabe que el saber es un fuego que solo crece cuando se comparte.
Como esas viejas contratapas que rescatan lo invisible, la docencia está hecha de gestos pequeños: la paciencia infinita y la palabra justa que nos salvó del naufragio.
No es egoísmo,al contrario, es pura entrega.
El maestro no solo existe; vive sembrando en el alma un eco que desafía al tiempo.
Su influencia es una huella eterna, un mapa secreto para el futuro.
Que la educación, como proyecto de país, no sólo esté acompañada por la necesaria adaptación de sus contenidos a la vertiginosidad de este presente. Que también contemple, reconozca y valore a quienes entregan su tiempo, su conocimiento y, sobre todo, su vocación a una de las profesiones más importantes de cualquier sociedad que pretenda ser seria y construir un futuro para las nuevas generaciones.
Porque podemos discutir programas, métodos y nuevas tecnologías. Pero ningún proyecto educativo será verdaderamente transformador si se olvida de quienes, todos los días, tienen la enorme responsabilidad de llevarlo al aula.
Tal vez el futuro de un país empiece mucho antes de lo que creemos: frente a un docente y dentro de un aula.
Feliz Día a todos los Maestros de nuestro bendito país !!
“Debe entenderse que todos somos educadores. Cada acto de nuestra vida cotidiana tiene implicancias, a veces significativas. Procuremos entonces enseñar con el ejemplo. “
René Favaloro




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