Septiembre aparece en la Argentina
con su manera discreta de prometer.
El invierno todavía guarda
algún frío en los bolsillos,
pero la tarde demora su despedida
y ciertas ilusiones, casi olvidadas,
vuelven lentamente a tener forma.
Afuera, el país discute consigo mismo.
Desde el poder confunden firmeza con furia
y convierten la agresión en argumento.
Buscan el déficit cero,
aunque para alcanzarlo
también hayan dejado en cero
la sensibilidad.
Así estamos:
divididos, impacientes,
sobreviviendo a un presente
que nadie recuerda haber elegido.
Pero llega la primavera
y hasta en la tierra más castigada
algo se atreve a brotar.
Quizás la esperanza sea eso:
una pequeña desobediencia
que todavía no pudieron ajustar.
«Podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera». (Pablo Neruda)




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