Por Luis Rivera
Gimnasia acaba de rifar prácticamente todo el año futbolístico y completó un momento pésimo: fue goleado en el clásico y quedó afuera de la Copa Argentina ante los suplentes de Riestra, un rival limitadísimo, perdiendo la chance de avanzar en un torneo muy accesible por lo menos hasta las semifinales. Pero lo peor de todo es que jugó el clásico ante Estudiantes y este choque ante un Riestra que cuidó a sus “mejores” jugadores, sin la actitud ni la aptitud de quien quiere ganar un partido importante.
Los penales lo condenaron y lo sacaron de la Copa Argentina. Pero el problema es más profundo: este equipo, de muy buena campaña hasta la previa del clásico, demostró que en los partidos importantes no da la talla. Le pasó con River en los Play Off del torneo anterior, se vio claramente ante Estudiantes y se perfeccionó frente a Riestra.
Gimnasia hizo todo para quedar eliminado. Y lo logró. Un nivel de eficiencia tremendo. Lástima que totalmente angustiante para su futuro. Porque si algo quedó claro de este momento es que el ciclo de Ariel Pereyra está herido de muerte, que la gestión deportiva de esta Comisión Directiva es tan mala como las anteriores, que la fibra del plantel habita solo en Ignacio Fernández y que el año quedará largo y, probablemente, pendiente de resultados tan malos como los de las últimas horas.
El partido con Riestra es apenas una anécdota. Jugó de manera espantosa el primer tiempo y debió perder por más goles ya que el VAR lo salvó de un penal de Martínez y un offside finito en un gol de Riestra. En el segundo, los cambios de Pereyra no tuvieron ni pie ni cabeza aunque Gimnasia se acordó al menos de correr, de plantarse cara a cara con jugadores rivales modestos pero enjundiosos y así llegó al empate.
Pero la apatía general (Nacho Fernández es el único que se salva del papelón) no sirvió más que para el gol de Seoane (casualmente uno de los peores de la cancha hizo el gol) y refrescar la ilusión de una victoria que siempre asomó muy lejana.
A la hora de los penales, la falta de calidad en Auzmendi y Colazo y la floja respuesta de Harlen Castillo (supuestamente una de las mejores cualidades que tenía era justamente atajar penales) le dieron un increíble pase a cuartos de final a un equipo que con suerte podría jugar con continuidad en la Primera B Metropolitana. Eso configura el papelón de un Gimnasia que no tocó fondo y que puede ir más abajo a juzgar por la endeblez anímica de este momento, lo perdido que asoma su entrenador en la coyuntura en el armado del equipo y las variantes ensayadas durante el juego y los flojísimos rendimientos individuales de estas últimas jornadas.
La gente, que siempre está un escalón por encima de todos, exige soluciones y respuestas. Las primeras, la CD no las dio en tiempo y forma y no parece que las vaya a dar hasta enero con suerte. Las segundas están en las manos de cuerpo técnico y jugadores. Y lo preocupante es que nadie cree que sea posible cambiar el rumbo.
Un verdadero papelón que Gimnasia no merece. Pero que está en la piel del hincha con tinta indeleble.




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