Por Pablo Amado
El enfrentamiento entre Estudiantes y Gimnasia trasciende la cancha y se mete en la vida cotidiana de los platenses. Entre reuniones, comidas y discusiones futboleras, el vino aparece como parte de una tradición que reúne a amigos y familias.
En La Plata, el día del clásico no es un día más. Desde temprano, la ciudad comienza a respirar fútbol. Las camisetas aparecen en las calles, las redes sociales se llenan de cargadas y las conversaciones cambian de tema: durante unas horas, casi todo parece girar alrededor de Estudiantes y Gimnasia.
Pero la pasión futbolera no se limita a las tribunas. También se expresa alrededor de una mesa, donde una comida compartida y una botella de vino pueden convertirse en protagonistas de la previa.
El vino ocupa un lugar tradicional en las reuniones argentinas y, en los últimos años, también creció su presencia dentro de la cultura gastronómica bonaerense. La provincia cuenta actualmente con viñedos distribuidos en numerosas localidades y viene desarrollando una identidad vitivinícola propia. Entre las zonas productoras se encuentran Berisso y otras localidades bonaerenses.
En La Plata, además, existe un circuito de vinotecas que reúne numerosas bodegas y propuestas gastronómicas.
Una mesa dividida por colores
El clásico platense tiene una particularidad que pocos partidos pueden igualar: enfrenta a dos clubes que forman parte de la identidad de una misma ciudad.
En una mesa familiar pueden convivir un hincha de Estudiantes y otro de Gimnasia. El partido se discute antes de comenzar, se analiza durante los noventa minutos y se vuelve a debatir después del pitazo final.
Una copa de vino puede acompañar ese encuentro, aunque el verdadero protagonista sea la conversación. Las viejas historias, los goles inolvidables, las cargadas y las expectativas para el próximo partido aparecen entre plato y plato.
Para algunos, el ritual comienza con la elección del vino. Para otros, simplemente alcanza con tener algo para compartir mientras llega la hora del partido. En cualquier caso, la bebida se transforma en una excusa más para reunirse.
Mucho más que fútbol
El clásico platense demuestra que el fútbol puede funcionar como una expresión cultural. No se trata solamente de quién gana o quién pierde, sino de todo lo que sucede alrededor del partido.
Las reuniones, las comidas, las camisetas, las canciones y las discusiones forman parte de una tradición que se transmite entre generaciones. El vino puede ocupar un pequeño lugar dentro de ese ritual, pero representa algo más amplio: el valor de compartir.
Cuando termina el partido, la ciudad vuelve lentamente a la normalidad. Sin embargo, la discusión continúa. Queda la jugada polémica, el gol que se festejó y, probablemente, una última copa para brindar por la victoria o intentar olvidar la derrota.
Porque en La Plata hay clásicos que se juegan en una cancha, pero también se disputan alrededor de una mesa. Y entre una camiseta, una picada y una copa de vino, la pasión vuelve a encontrar su lugar.




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