Por Juan Carlos Mezzelani
Hay apellidos que no se dicen: se sienten.
En La Plata, el viernes 4 de mayo de 1973, nacieron dos historias que se escribieron juntas. Guillermo y Gustavo.
Picardía de potrero, carácter de barrio, fútbol con identidad. Nada de laboratorio: calle, alma y camiseta.
Ganaron, sí. Pero sobre todo dejaron algo más difícil: sentido de pertenencia.
Esos tipos que no pasan por el club, se quedan a vivir.
El Bosque los adopta, la gente los defiende y el apellido se vuelve bandera.
Hoy el linaje sigue. Nicolás ya es Primera. Bautista empuja desde atrás.
La sangre no se negocia: se honra. Y en este Gimnasia versión Pata Pereyra, tenerlos cerca no es nostalgia, es presente.
Y en el medio de todo, el Doctor Hugo. Ese que enseñó sin decir, que marcó sin gritar. Un señor.
¿Querés entender al Lobo? No busques en los libros. Mirá ese apellido. Ahí está todo.




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